En la mañana, con el sol en la nariz, encima de las sábanas, la abraza por la espalda y le dice: 'Bebe, te quiero'.
En la tarde, de mal genio por el mal genio que causa el mal genio de la vida, le besa la frente y luego le dice: 'Te quiero, muñeca'.
En la noche, mientras le arranca el disfraz y un par de palabras, le dice: 'Maldita zorra, te quiero'.